UNO

"Cuando UNO escribe, el lector es UNO." - Jorge Luis Borges

03 mayo 2007

El misterioso caso del taladro oriental

La verdad es que, bien mirado, no tiene tanto misterio: es lo que hay y uno sabe qué va a obtener a cambio de lo que da, que no es mucho, o al menos debería saberlo. Me explico:

Una casa en la que hacer pequeñas chapuzas, tales como colgar cuadros o poner porta-lámparas. Pero no es mi casa, lo que significa que dependo de las herramientas que allí haya. Afortunadamente, hay una taladradora, que es lo principal cuando vas a colgar un cuadro, pero descubro que no hay ni una triste broca. "No hay problema", me digo, "bajo a una ferretería y compro las que necesite", pero la suerte no está de mi parte: es sábado por la tarde y las ferreterías están cerradas, así que no me queda más remedio que intentarlo en un 'chino', una de esas tiendas multiprecio regentadas por diligentes tenderos orientales.

Así que me dirijo presto a uno de esos comercios mezcla de bazar y zoco, en los que puedes encontrar desde bolas de plasma con música hasta brocas (o al menos eso espero...)

Efectivamente, parece que hay brocas, si es que he entendido correctamente ese dialecto de español que habla tan graciosamente el tendero (graciosamente porque me recuerda a los doblajes de chinos en las películas del vaqueros) y, sobre todo, si él ha entendido lo que le decía (me imagino que sí, al tiempo que le hablaba le hacía gestos de como quien maneja una taladradora), y además, son muy baratas: todo un juego de 4 brocas por ¡0'75 €! Muy barato, sospechosamente barato, diría... Bueno, sólo tengo que hacer un par de agujeros, no necesito que aguanten más. Cojo un paquete, pago, llego a casa, abro el paquete de brocas, instalo la del tamaño que necesito en la taladradora y me dispongo a hacer el primer agujero...

Antes de continuar, juro que la pared no es de hormigón armado, es una pared de ladrillo normal y corriente, de las de toda la vida.

Incluso con la primera arremetida ya noté que algo no iba bien, que había cierta vibración en la máquina de taladrar, vibración que aumentaba conforme ejercía más presión. Esto es lo que me encontré al detener la taladradora:



Cuatro taladros por 75 céntimos: el que crea que le van a dar brocas de cromo-vanadio a apañao, je, je...

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